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miércoles, 11 de noviembre de 2009

El trono subastado


Tras la muerte del emperador Cómodo en el último día del año 192 d. C. los posibles asesinos de este decidieron que su sucesor debía de ser Pertinax. Este nuevo emperador, al principio se negó a aceptar este poder, pero finalmente acabó aceptándolo.

Durante su mandato, Pertinax, trató de recuperar las arcas del tesoro público y emular la moderación de Marco Aurelio (121-180) respecto a su gobierno y la antigua disciplina. Estas medidas, junto a otros motivos, acabó enfrentándolo a los pretonianos, que habían gozado, con el anterior emperador, de total libertad en sus actuaciones.
En el 193 d. C., un grupo de militares acabaron con la vida Pertinax, convirtiendo a este emperador en uno de los más efímeros con tan solo ochenta y siete días al mando del Imperio.

A su muerte se produjo un vacío de poder que se debía de resolver. Como los candidatos eran tan numerosos, los pretorianos decidieron sacar a subasta el trono imperial. Los dos postores más importantes fueron el suegro de Pertinax y el senador más rico de Roma, Didio Juliano.
Finalmente, tras una larga y dura puja, el ganador de esta fue Didio Juliano, que compró el trono por la suma de trescientos millones de sestercios, convirtiéndose en el nuevo emperador.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Testificar



¿Qué ocurría cuando no se podía jurar en la Biblia? Este problema lo tenían los romanos, ellos carecían de cualquier texto sagrado similar a la Biblia.

Los romanos a la hora de decir la verdad se cogían con la mano derecha los testículos, como muestra de que lo que estaban diciendo era algo serio y cierto. De este hábito heredamos la palabra "testificar", muy utilizada en el ámbito judicial.

Existían otras formas alternativas de "jurar", como "poner la mano en el fuego", sin embargo ninguna de las otras maneras llegó a tener tanta relevancia como testificar en el Imperio Romano.

Hoy en día la gente jura o promete (si es agnóstica) un cargo o testimonio con mayor o menor intensidad, nunca sabremos con qué fuerza "juraban" los romanos, pero seguramente serían cuidadosos con tan eximias partes.

domingo, 16 de agosto de 2009

La historia del pulgar


Todos recordamos aquellas películas de romanos, más concretamente alguna escena de gladiadores, en la que el luchador, con su oponente casi vencido, miraba al palco del emperador y este con un simple movimiento de la mano colocaba el pulgar apuntando hacia el suelo, determinando así la muerte y derrota del lisiado luchador que se tendía sobre la arena. Tal es el caso de este tipo de escenas como las que se pueden observar en la película "Gladiator" dirigida por Ridley Scott.

Pues bien, el movimiento del pulgar en este tipo de largometrajes es erróneo.
Durante el antiguo Imperio Romano era el Cesar, el encargado de decidir la vida o la muerte del combatiente que estaba sobre la arena del coliseo. Pero el movimiento del pulgar del emperador tiene un significado totalmente equivocado. Si el emperador colocaba su mano a la altura del abdomen o el pecho y apretaba su puño, el vencedor debía de perdonar la vida al vencido. Si por el contrario el Cesar extendía su brazo y colocába el pulgar hacia abajo, la muerte del luchador vencido debía ser efectuada para goce y disfrute de la plebe. Aún así la ejecución del luchador no estaba determinada completamente por el pulgar, sino, por la visión del emperador.
El acto del pulgar hacia arriba para representar que todo está bien, no surgió hasta tiempo después.


sábado, 15 de agosto de 2009

El caballo de Caligula


Los animales de compañia de las personas poderosas o ricas siempre han estado muy mimados. Mucho antes de que Paris Hilton nos mostrara que su perro tenía mayor patrimonio que todos nosotros juntos existió otro animal, en el imperio romano, que tenía una vida de lujo y esplendor.

Este animal era un caballo y pertenecía al emperador romano Caligula, dicho emperador es recordado como uno de los seres más extravagante y cainita que ha habitado esta tierra.
Calígula amaba a su caballo tanto que le consruyó una caballeriza de mármol con jardín y esclavos, para más inri el emperador mandaba visitas a su amado córcel.
Por desgracia no solo en este alocado siglo han existido animales con más comodidades que la mayoría de humanos. Y eso lo demuestra el caballo de Calígula

miércoles, 12 de agosto de 2009

El rapto de las salinas


¿Alguna vez, usted querido lector, se ha preguntado por qué, entre las tradiciones de los recien casados, el novio coge a la novia para atravesar el umbral de la puerta?
Pues bien, la tradición no viene de hace doscientos años, sino de mucho antes, exáctamente a comienzos del imperio romano allá por el 700 a.C.
Pues bien, esta tradición se realiza para recordar el rapto de las salinas, y como no podía ser de otra forma, hoy contaré la mítica leyenda que ha dado lugar a una de las tradiciones más antiguas.

Según la leyenda, en los primeros años de Roma, la población era mayoritariamente masculina, para solucionar este problema, Rómulo organizó unas pruevas deportivas en honor al dios Neptuno e invitó a los pueblos vecinos. Al espectáculo acudieron numerosos pueblos, entre ellos la Sabinia que acudió con sus mujeres e hijos.
Al comienzo de las pruevas y, a una señal, cada romano raptó una mujer, expulsando después a los hombres. Los romanos convencieron a las mujeres explicándolas de que sólo lo habían hecho porque querían casarse con ellas, y que ellas deberían sentirse orgullosas por formar parte de un pueblo que había sigo elegido por los dioses. Las mujeres sabinas pusieron una condición con tal de contraer matrimonio con los hombres: en el hogar ellas solo se ocuparían del telar, no siendo obligadas a realizar otro tipo de trabajos domésticos, y serían, en sus casas, las que gobernaran.

Los sabinos, enfadados por la traición, atacaron a los romanos y consiguieron acorralarles en el Capitolio. Para lograr entrar en él, contaron con la ayuda y traición de una sabina, Tarpeya, que les guió hacia donde estaban los romanos con la condición de que los sabinos le dieran "aquello que llevasen en los brazos, obviamente refiriendose a las joyas.

Deplorando la traición de la mujer, los salinos, aceptaron el trato, pero en lugar de las joyas, le entregaron sus pesados escudos, con lo que la Tarpeya murió aplastada por su peso.

Cuando los sabinos llegaron, por fin, donde estaban los romanos, las sabinas se interpusieron entre ambos combatientes para impedir que se matasen. Tras varios forcejeos, razonaron con los dos pueblos, explicándoles que si ganaban los romanos perderían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos perderían a sus maridos e hijos. Finálmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación entre los pueblos.