
Tras la muerte del emperador Cómodo en el último día del año 192 d. C. los posibles asesinos de este decidieron que su sucesor debía de ser Pertinax. Este nuevo emperador, al principio se negó a aceptar este poder, pero finalmente acabó aceptándolo.
Anécdotas de la historia




Los sabinos, enfadados por la traición, atacaron a los romanos y consiguieron acorralarles en el Capitolio. Para lograr entrar en él, contaron con la ayuda y traición de una sabina, Tarpeya, que les guió hacia donde estaban los romanos con la condición de que los sabinos le dieran "aquello que llevasen en los brazos, obviamente refiriendose a las joyas.
Deplorando la traición de la mujer, los salinos, aceptaron el trato, pero en lugar de las joyas, le entregaron sus pesados escudos, con lo que la Tarpeya murió aplastada por su peso.
Cuando los sabinos llegaron, por fin, donde estaban los romanos, las sabinas se interpusieron entre ambos combatientes para impedir que se matasen. Tras varios forcejeos, razonaron con los dos pueblos, explicándoles que si ganaban los romanos perderían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos perderían a sus maridos e hijos. Finálmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación entre los pueblos.